Empezar de nuevo
Los primeros años de la década de los ochenta supusieron un auténtico reto para muchas empresas españolas. El país acababa de salir de una larga dictadura e iniciaba la transición hacia la democracia en medio de un entorno internacional inestable. La crisis del petróleo de finales de los setenta, el paro estructural, la inflación desbocada y la incertidumbre política convergieron en un año especialmente duro en el que se vivió una importante crisis: 1981.
En España, el paro superaba el 15%, la inflación rozaba el 14% anual y los tipos de interés alcanzaban niveles que hacían muy difícil el acceso al crédito. Las empresas de construcción —grandes y pequeñas— vieron cómo se detenían proyectos, se paralizaban obras públicas y muchos clientes aplazaban o cancelaban las inversiones previstas. Sin embargo, a pesar de que sectores como el de las piscinas y las pistas deportivas todavía eran percibidos como un servicio «complementario» o, incluso, de lujo, en REINDESA las ventas seguían en auge.
A pesar de la afluencia de contratos firmados, los fundadores pensaron que, para empresas jóvenes como REINDESA, éste era un momento crítico. El impulso emprendedor de los años setenta se encontraba ahora con un mercado reacio, una banca restrictiva y unos costes que no paraban de subir.
Muchos negocios desaparecieron y los tres socios de la empresa tenían otros intereses a nivel nacional e internacional, con lo que, con este escenario, a finales de los años setenta las tres familias fundadoras decidieron cerrar. La fuerte crisis en el sector de la construcción no dejaba indiferentes a los miembros de la sociedad.
Cuando los socios se reúnen en Madrid, dan instrucciones claras a Enric Farell, gerente de la constructora: REINDESA debe cerrar. Él será el encargado de convocar, en el local de la calle Balmes, a los trabajadores de las oficinas y a los comerciales para comunicarles la decisión; los empleados de obra se enterarían por otras vías. Entre los asistentes estaban Jaume Guarch, Manel Felani y Àngel Zapatero. No hay vuelta de hoja, reciben la noticia perplejos: en el mes de octubre de ese mismo año tienen intención de cerrar la actividad definitivamente. A los tres trabajadores les cuesta digerir la noticia. El hecho de que, a pesar de tener muchos encargos de trabajo y buenas perspectivas para salir adelante con éxito, los responsables de la empresa tomaran esa decisión, les sorprendió y abandonan el local sin hablar más.
Durante la semana siguiente, algunos de los empleados comentan la posibilidad de crear una cooperativa, pero Àngel rechaza la idea convencido de que no todos los trabajadores responderían por igual a la hora de llevar el negocio; seguro surgirían reticencias ante las diferentes formas de entender el trabajo y la empresa. Finalmente, al cabo de unos días, es el propio Àngel quien propone a sus compañeros llamar directamente a Madrid y hablar con el sr. Serra: «Verdad que lo han decidido los socios, pues hablemos con los socios.» Aquella llamada dio la vuelta al futuro de REINDESA.
«Nosotros no tenemos dinero, pero somos capaces de sacar adelante la empresa.» Los socios reciben positivamente la proposición de los comerciales «¿Queréis quedaros con REINDESA?». La respuesta de Àngel no dejaba ninguna duda. «¿Y por qué no?» La operación no se cerró durante esa conversación porque ni siquiera los socios sabían por qué precio venderla, pero todo ello se resolvió en poco tiempo.
Después de presentar esta opción a los socios capitalistas, pocos días después había que hablar de un precio justo y rápidamente llegaron a un acuerdo. Había ganas de vender y también de comprar. Por una cantidad de catorce millones de pesetas de la época en la que un piso en Barcelona costaba novecientas mil pesetas, los tres vendedores tomaron las riendas del negocio.
Considerando que, en realidad, les estaban haciendo un favor, enseguida se entendieron. A pesar de su inexperiencia y la falta de capital, decidieron salir adelante. Con la ilusión y el coraje de su juventud, conforman la nueva sociedad a su nombre: Construcción de Tenis y Piscinas, S.A., con el acuerdo de poder utilizar la marca REINDESA con total libertad, con la única excepción de las Islas Baleares.
La evolución de Reindesa
REINDESA optó por una estrategia de resistencia activa; mantener la calidad de sus servicios, diversificar los tipos de clientes y adaptarse a las nuevas condiciones con inteligencia y contención.
La fidelización de los clientes, especialmente ayuntamientos y clubes deportivos, fue clave. También lo fue la capacidad de reducir estructuras más prescindibles, controlar los gastos fijos y buscar fórmulas de colaboración con otras empresas para compartir recursos y conocimiento. Más allá de la gestión interna, aquel período consolidó un estilo de trabajo basado en la proximidad, la flexibilidad y la solvencia técnica, rasgos que se convertirían en el sello de REINDESA durante las siguientes décadas.
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