Años sesenta
En los años sesenta, Cataluña se encontraba en plena transformación económica y social. Desde mediados de esa década ya empezaba a vislumbrarse una etapa de crecimiento sostenido impulsada por el incipiente desarrollo turístico, el aumento del nivel de vida y una tímida apertura hacia el exterior.
En este contexto, se empezaron a consolidar nuevos modelos de ocio y bienestar, entre los que destacaba la aparición de instalaciones deportivas privadas y públicas como las pistas de tenis y las primeras piscinas residenciales. En ciudades como Barcelona y Girona, pero también en sus entornos más residenciales y turísticos —como la Costa Brava o las zonas del Vallès y el Maresme— se abría camino una nueva cultura del confort y la actividad física.
Es en este entorno donde nace REINDESA, una empresa pionera donde tres familias catalanas encabezan el emprendimiento en un nuevo sector. El constructor Bernat Corbera y su cuñado, Carlos Serra, se alían con Carlos Sciama para ser constructores de piscinas, pistas de tenis y al mismo tiempo fabricantes de mecanismos de depuración para piscinas. La sociedad se llama Representaciones Industriales Deportivas, S. A. (REINDESA). Con sus oficinas situadas en la calle Balmes, 83, de Barcelona y una tienda en Santa Cristina d’Aro, Girona.
Los tres socios, con una visión clara sobre el potencial de este nuevo mercado, supieron interpretar el momento histórico y ofrecer soluciones profesionales y de calidad en un ámbito en el que, hasta entonces, predominaban el empirismo y la improvisación. A partir de ese momento, REINDESA sería la primera constructora de piscinas y pistas deportivas en España, una empresa catalana que llegaría a contar con ciento cincuenta trabajadores, ofreciendo cobertura en todo el país.
Algunos de los materiales que se utilizaban para llevar a cabo sus encargos, como los equipos de filtración, provenían de Inglaterra, por lo que los costes eran muy elevados y los proyectos se encarecían. Aquello dio lugar, tan sólo un año más tarde, en 1969, al nacimiento de ASTRAL CONSTRUCCIONES METÁLICAS. Los propietarios de ambas empresas contrataron al joven Joan Planes para dirigir ASTRAL, la única factoría en el país de filtros, escaleras, bombas y otros complementos para piscinas. Aquel fue el negocio embrionario de la actual FLUIDRA y tuvo como primer cliente a REINDESA.
Años setenta
En la sociedad de los años setenta, el modelo de vida mediterráneo se cruzaba con influencias extranjeras: los turistas franceses y suizos pedían servicios similares a los que encontraban en sus países de origen, y los catalanes más acomodados, especialmente en el área metropolitana de Barcelona, empezaban a aspirar a una vida con más comodidades. Sin embargo, las piscinas aún eran consideradas un elemento de lujo reservado a una minoría: urbanizaciones de prestigio, hoteles de categoría y residencias particulares con alto poder adquisitivo. También los promotores urbanísticos, ayuntamientos con inquietudes modernas, clubes deportivos en expansión y particulares con motivaciones innovadoras eran clientes habituales de este sector emergente. Aunque todavía no existía una industria consolidada del ocio acuático o deportivo, el deseo de modernización y la influencia de modelos internacionales, especialmente franceses, marcaron las líneas a seguir.
En 1976 uno de los directivos de la empresa constructora, Enric Farell, animó a su amigo Àngel Zapatero a que apostara por hacer un cambio de trabajo y se dedicara al mundo de las piscinas y pistas de tenis. La propuesta atrajo al joven Àngel, que dejó su puesto de trabajo en la oficina técnica del Ayuntamiento de Hospitalet de Llobregat para probar suerte como comercial. Antes de empezar la nueva tarea, Àngel planteó sus dudas a Enric Farell: «Pero, ¿cómo es posible que alguien se dedique a vender piscinas ocho horas al día?». La respuesta del director fue contundente: «¡Uy, no acabarás nunca el trabajo!».
El panorama que Àngel y sus compañeros comerciales se encontraron fue la de clientes procedentes de diferentes ámbitos, pero todos compartían un rasgo común: eran visionarios. Eran urbanizadores que diseñaban barrios residenciales con zonas comunitarias en la periferia de Barcelona (como Sant Cugat del Vallès, Esplugues de Llobregat o Castelldefels), familias acomodadas de Girona o Figueres que construían su segunda residencia con piscina en L’Escala o en S’Agaró y ayuntamientos que se adaptaban las demandas de una sociedad cada vez más activa.
En ese momento, REINDESA era una empresa solitaria. Àngel Zapatero recuerda cómo desde sus inicios y durante toda su trayectoria ha trabajado con ilusión disfrutando con el trabajo que más le ha gustado siempre, el de vendedor. En aquellos momentos, sin demasiada competencia en el sector, su tarea sólo se veía limitada debido a la gran demanda, la empresa no daba abasto para llevar a cabo más construcciones. «No puedes vender más, Àngel», le dijo en más de una ocasión el gerente de la empresa.
De modo que, a partir de mayo, durante aquellos años, en lugar de vender, los comerciales se dedicaban a hacer seguimiento de las obras y a cuidar la atención a los clientes. Era la mejor forma de cuidar el buen nombre de la marca. Fue gracias a ese trato directo y personalizado que corrió la voz entre una clientela fiel que no dudaba en recomendar REINDESA como la mejor opción para construir y hacer rehabilitación de las piscinas. «Entre muchos de los clientes particulares, era tanta la ilusión de poder disfrutar de la piscina que ni siquiera daban tiempo para finalizar las obras. Muchos ya se bañaban antes de que los alrededores de la piscina estuvieran en perfectas condiciones. Algunos de ellos no dudaban en pisar cartones y materiales provisionales cercanos a la zona de baño, frente al personal que todavía trabajaba en ella.» Recuerda a Àngel.
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